A veces un ataque de ansiedad aparece de forma repentina, como si el cuerpo activara una alarma interna sin que entendamos por qué. Puede sentirse como falta de aire, palpitaciones, mareo, temblor o una sensación intensa de pérdida de control. Aunque es muy desagradable, no significa que estés en peligro.
Otras veces no llega de golpe, sino como una acumulación de tensión que termina desbordándose. No es debilidad ni exageración: suele ser la forma en que el cuerpo expresa que algo ha ido más allá de sus recursos y necesita ser atendido.
En sesión, trabajamos desde la calma para entender qué está ocurriendo y qué hay detrás de esos episodios. Sin prisa, sin juicios y sin intentar forzarte a “controlarlo”. Solo un espacio claro donde puedas poner palabras a lo que sientes y empezar a recuperar seguridad interna.
Si has vivido ataques de ansiedad o temes que puedan volver a aparecer, podemos empezar a mirarlo juntos.