A veces la autoestima no se rompe de golpe; se va desgastando poco a poco, en silencios, en comparaciones, en exigencias internas o en experiencias que nos hicieron dudar de nuestro propio valor. El autoconcepto, lo que pensamos de nosotros mismos, también puede verse afectado por etapas de estrés, vínculos complejos o momentos vitales que nos descolocan.
No siempre se expresa como inseguridad evidente. A veces es una sensación de no estar a la altura, de cuestionar cada paso, de sentir que los demás ven algo que uno mismo no alcanza a reconocer. No es falta de fortaleza: suele ser el reflejo de historias internas que necesitan ser escuchadas con más calma.
En sesión, trabajamos desde un ritmo pausado para entender cómo te miras, qué te dices y qué experiencias han influido en esa mirada. Sin juicios, sin exigencias y sin pedirte que “confíes más en ti”. Solo un espacio claro donde puedas explorar tu relación contigo mismo y empezar a construir una base más estable.
Si sientes que tu autoestima se ha ido debilitando o que te cuesta reconocerte con claridad, podemos empezar a mirarlo juntos.