A veces una crisis emocional aparece de forma repentina, y otras veces es el resultado de haber sostenido demasiado durante demasiado tiempo. Puede sentirse como un desbordamiento, una pérdida momentánea de referencias o la sensación de que algo dentro se ha movido más de lo esperado.
No siempre se expresa con intensidad. A veces es un bloqueo, un llanto que no entendemos, una dificultad para pensar con claridad o una sensación de desconexión con uno mismo. No es un signo de debilidad: suele ser la forma en que el cuerpo y la mente piden una pausa y un espacio seguro.
En sesión, trabajamos desde la calma, ayudándote a ordenar lo que está ocurriendo y a encontrar un punto de apoyo. Sin prisa, sin juicios y sin forzar nada. Solo un lugar donde puedas respirar, poner palabras y empezar a recuperar estabilidad.
Si sientes que estás atravesando un momento que te supera o que necesitas un espacio para sostener lo que vives, podemos empezar a mirarlo juntos.