A veces la autoexigencia aparece como una forma de sostenernos, de intentar hacerlo todo bien o de evitar que algo se desordene. Con el tiempo, puede convertirse en una presión interna constante, en la sensación de que nunca es suficiente o de que siempre hay algo más que deberíamos estar haciendo.
No siempre se nota desde fuera. A veces es un diálogo interno duro, una dificultad para descansar o una incapacidad para permitirse fallar. No es ambición desmedida ni perfeccionismo sin más: suele ser una manera aprendida de protegernos, aunque termine agotándonos.
En sesión, trabajamos desde la calma para entender de dónde viene esa exigencia y qué función ha tenido en tu vida. Sin juicios, sin prisa y sin pedirte que cambies de golpe. Solo un espacio claro donde puedas escuchar lo que ocurre dentro y empezar a relacionarte contigo de otra manera.
Si sientes que vives en un estado de tensión constante o que te cuesta darte permiso para descansar, podemos empezar a mirarlo juntos.