A veces el duelo no se parece a lo que imaginábamos. No siempre es un proceso lineal ni tiene un ritmo claro. Puede aparecer como una tristeza profunda, como un vacío difícil de nombrar o como una sensación de desconcierto ante un mundo que ha cambiado demasiado rápido.
El duelo no solo ocurre ante la pérdida de alguien. También puede surgir tras una ruptura, un cambio importante, una etapa que termina o una parte de nosotros que ya no está. Cada persona lo vive de una manera distinta, y ninguna es incorrecta.
En sesión, trabajamos desde un espacio respetuoso y estable, donde puedas poner palabras a lo que sientes sin tener que ajustarte a expectativas externas. No buscamos “pasar página”, sino comprender qué está ocurriendo y acompañarte en ese proceso con calma.
Si sientes que algo dentro se ha movido de un modo que te cuesta sostener o que necesitas un lugar donde hablar de lo que has perdido, podemos empezar a mirarlo juntos.