A veces el estrés aparece cuando llevamos demasiado tiempo respondiendo a demandas externas sin espacio para escucharnos. No siempre se nota de golpe: a veces es una tensión constante, una sensación de alerta o la impresión de que todo requiere más energía de la que tenemos.
Puede manifestarse en el cuerpo, en el sueño, en la concentración o en la dificultad para desconectar incluso cuando el día ya ha terminado. No es falta de capacidad ni de organización: suele ser el resultado de haber sostenido más de lo que era posible durante demasiado tiempo.
En sesión, trabajamos desde la calma para entender qué está ocurriendo y qué necesitas ahora. Sin prisa, sin exigencias y sin juicios. Solo un espacio claro donde puedas poner palabras a lo que vives y empezar a recuperar tu ritmo.
Si sientes que estás llegando a un límite o que te cuesta encontrar un momento de respiro, podemos empezar a mirarlo juntos.